Yo, Daniel Blake. Yo también soy ciudadano

Yo, Daniel Blake. Yo también soy ciudadano


por Javier Benítez Martínez


Título Original: I, Daniel Blake

Año: 2016

País: Reino Unido

Dirección: Ken Loach

Guion: Paul Laverty

Reparto: Dave Johns, Hayley Squires, Briana Shann, Dylan McKiernan, Kate Rutter, Sharon Percy, Kema Sikazwe, Steven Richens, Amanda Payne.


¿En qué momento dejas de ser un humano y te vuelves un número?


Somos la estadística de un entrampado social que nos refuerza la idea de que somos un número más en las garras de un sistema que está fabricado para demolernos. Daniel Blake descubre en carne propia lo que es caer en las grietas del sistema.


Soy un hombre, no un perro


Yo, Daniel Blake es la historia de un hombre en Inglaterra, un hombre de edad que padece del corazón, lo que lo obliga a pedir al gobierno asistencia social mientras se recupera y puede volver a trabajar. La maquinaria del Estado obliga a Blake a buscar trabajo al negarle ayuda por problemas de salud; el doctor le tiene prohibido trabajar, pero el Estado lo encuentra sano, y si quiere recibir ayuda por desempleo, tiene que buscar un empleo.


El director nos presenta una de tantas aberraciones del sistema de gobierno inglés. Un hombre al que se le requiere algo que no puede dar, para darle algo que no puede tener. Como todo buen guion, para qué detenernos si podemos agregar a la madre con dos hijos que no encuentra trabajo, que tiene que aceptar como el sistema la va orillando a decisiones cada vez más difíciles.


Sólo comprendemos aquellas preguntas que podemos responder


Yo, Daniel Blake, es una historia ligera, va de un punto a otro sin mucho aspaviento y nos muestra la triste realidad de un sistema que está diseñado para avasallar a los más desprotegidos y nos prueba de una manera impecable los alcances de una burocracia al servicio del Estado, que va a llevar a nuestros protagonistas, poco a poco, al borde de la desgracia y la pobreza.



Yo, Daniel Blake, es sólo eso, una historia más de una persona que fue masacrada en las fauces de la maquinaria del Estado. Pero sobre todo es el vivo testimonio de que somos humanos y hay cosas que nadie nos puede quitar. Vivir a pesar de todo, es también una forma de protestar contra las injusticias de la sociedad.

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