Antonio Caso y La Existencia como Economía y como Caridad

Antonio Caso nos habla sobre la esencia del cristianismo

por Alan Fernando Padilla Ávalos

Antonio Caso Andrade (1883-1946) fue un notable filósofo, abogado y profesor mexicano, uno de los fundadores del Ateneo de la Juventud y rector de la Universidad Nacional Autónoma de México de 1920 a 1923. Escribió La Existencia como Economía como Desinterés y como Caridad en 1919, donde plasma su ideología de la existencia humana desde un enfoque que algunos llaman espiritual o metafísico cristiano. Puedes encontrar el texto AQUÍ.

¡Vivir es luchar!


Vivir es luchar, con esas palabras comienza el ensayo de Antonio Caso, pero si la vida es una lucha es porque sobrepasa el entendimiento humano, el exceso de información, conocimiento y experiencia que hemos adquirido han hecho que el hombre y la mujer se enfrenten a una súper-vivencia. Sin embargo, lo que presenta el filósofo mexicano es una reivindicación de lo que significa la existencia humana, para que la vida de los hombres no sea vista como una lucha, banal e insulsa, sino que sea provechosa, destacando la importancia de la caridad, del sacrificio por el hacer el bien, con tal de ganar la felicidad y la perfección como seres humanos.

En primer término -explica Antonio Caso- uno de los extremos de la existencia del hombre se rige por un principio natural: La economía biológica. Recurriendo a la famosa y universalmente aceptada teoría de la selección natural, propuesta por Charles Darwin en 1859 -que sostiene que los organismos más aptos para sobrellevar los cambios del ambiente serán aquellos que garanticen su supervivencia- el filósofo desarrolla la idea de que tal proceso biológico que economiza la cantidad de especies que existen en un lugar determinado, en el ser humano toma un importante papel en el conocimiento que adquiere en sus experiencias, pues debido a su voluntad y su entendimiento, le permite desarrollar las ciencias, para ese fin egoísta que garantice su dominio y su supervivencia en cualquier tipo de medio ambiente, al formular conceptos, crear leyes que puedan predecir los fenómenos naturales y desarrollar tecnología.

Ese es -según Caso- el primer movimiento de nuestra existencia, marcado por las necesidades naturales (fisiológicas) del ser humano, como cualquier otro animal, pero que se potencializa con el entendimiento. De este modo la primera faceta que se nos presenta es la economía del hombre por avasallar todo en su pensamiento, sus ideas y los beneficios para él mismo, respondiendo al ejercicio de su dominio y adaptación natural. En los tiempos contemporáneos es perceptible el vicio de este primer momento de la existencia, que se acentuó con el pragmatismo y la razón instrumental: el utilitarismo, auspiciado por un sistema capitalista y globalizado.

Como condición por antonomasia de cualquier planteamiento, el contrario del primer movimiento de la existencia será precisamente su opuesto: El desinterés. El extremo donde prefieren mantenerse los artistas -dice Caso- porque su mirada no está centrada en los fines materiales, económicos o animales, en cambio la atención se ve atraída a la apreciación de la vida, de la naturaleza, de los sentimientos, emociones, colores, texturas, olores, sabores etc. Es en este aspecto de la existencia donde notamos el propósito del arte: la contemplación del mundo. Resulta preciso apuntar que, aunque muchos hombres puedan sentirse identificados con alguno de estos movimientos, el pragmatismo y el “humano”, no pueden estar siempre en el mismo extremo, pues las necesidades del hombre buscan ambos caminos.

De este modo es que alcanzamos el tercer movimiento de la existencia que pondrá armonía entre los extremos, y que le brindará al hombre paz y felicidad, pero ¿Bajo qué principio se regirá? Del que presentó Jesús como máxima prueba de filantropía y de amor a la vida, calidad más sublime de un hombre y una mujer que los hacen perfectos como los dioses: La Caridad. No hay mejor forma de explicarla que sentirla en carne propia y practicarla -acierta al mencionarlo Antonio Caso- pero la canción que canta la hija del poeta Iezid, Telassim, fácilmente permite comprender su valor, véase entonces lo que dijo ipso facto:

Si yo hablase las lenguas de los hombres
y de los ángeles y no tuviese caridad,
sería como el metal que suena,
o como la campana que tañe,
¡Nada sería!... ¡Nada sería!...
Si yo tuviese el don de la profecía y toda la ciencia,
de tal manera que transportase los montes, y no tuviese caridad.
¡Nada sería!... ¡Nada sería!...
Si distribuyese todos mis bienes para el sustento
de los pobres
y entregase mi cuerpo para ser quemado,
y no tuviese caridad.
¡Nada sería!... ¡Nada sería!...*

Podemos notar en los versos, ambos extremos de la existencia, hablando de las ciencias y el don de la profecía, el fin económico; respecto de las lenguas -dignas artes- encontramos el desinterés, pero sin caridad, no hay nada, o siendo igual, hombres respondiendo a sus necesidades, al continuo desasosiego de su intelecto. Pero cuando el hombre sacrifica su egoísmo, su desinterés por el mundo y se dedica a socorrer al semejante, dándolo todo sin recibir algo, es cuando existe valor en la existencia de los seres humanos, y Antonio Caso no puede explicarlo de mejor manera de como lo hace, recurriendo a las enseñanzas cristianas, a la perfección de Dios.


*Malba Tahan (1938), El hombre que calculaba.

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