Bartolomé De las Casas, el fraile defensor de Indios

Bartolomé De las Casas, el fraile defensor de Indios

por Alan Fernando Padilla Ávalos

Durante la época colonial mexicana, el mestizaje y la diversidad cultural configurarían el paisaje social de la nación durante los próximos siglos hasta prácticamente nuestros días. Como es fácil de suponer, pues la convivencia de distintas personas en un mismo territorio como la Nueva España, principalmente en las ciudades de México, Puebla y Veracruz, resultaría en un intercambio de costumbres, lengua, tradiciones, comida, vestimenta y tradiciones de una gama amplia de culturas tanto de Oriente como de Occidente (1). Sin embargo, también existirían tensiones sociales como injusticias y desigualdades entre los diferentes niveles de estratificación social (castas) en las colonias, sobretodo aquellas hacia los aborígenes indígenas por parte de los conquistadores españoles y se reconocerá el trabajo de un fraile dominico, Bartolomé de las Casas,  en la defensa de los derechos humanos de los amerindios.

Durante los primeros años de la dominación de la Nueva España se estableció la ENCOMIENDA, que consistía en que cada conquistador español tuviera a su dominio un grupo de indios, podía disponer de ellos para cultivar la tierra o para trabajar en las minas. Aunque también los Reyes de España les impusieron que convirtieran a los indios al cristianismo.

En primer lugar, a los pueblos prehispánicos les fueron arrebatadas sus tierras. Fueron obligados a trabajar en ellas a costa de pagar altos impuestos a la Corona española (un sistema feudal), sufrieron la destrucción de sus ciudades y tuvieron que construir nuevas, en condiciones de esclavitud. Con tan diferente forma de ver el mundo; se les discriminaba y se les violentaba, pues no tenían derecho de protestar. Los conquistadores violaron a las mujeres y habían traído terribles epidemias que causaron miles de muertes indígenas, a pesar de esto, lograron liberarse de los procesos de la Santa Inquisición, ya que representaban la mayor parte de la población (poco más de la mitad de la sociedad novohispana) y eran considerados como cristianos nuevos o en proceso de conversión, hecho que reflejaría la intervención del clero regular (2) en mejorar las condiciones de los aborígenes.

Es por estas condiciones tan inhumanas que vivían los indios de América que algunos hombres religiosos protestarían contra ello, argumentando desde el punto de vista de la fe católica y de la antropología filosófica, que los pueblos mesoamericanos también eran hijos de Dios, solo que les hacía falta el conocimiento de las enseñanzas del evangelio; que poseían un alto grado de racionalidad, como demostró su avanzada civilización y su desarrollo científico y cultural, por lo tanto debían de ser tratados con dignidad. Algunos de estos religiosos fueron Vasco de Quiroga, Juan de Zumárraga, Pedro de Gante y Bartolomé de las Casas.

Bartolomé de las Casas, la fe cristiana y el humanismo


En La querella de la Conquista, de Mauricio Beuchot, se reúnen los rasgos biográficos de los personajes antes mencionados, y también de aquellos intelectuales que consideraban justa la guerra y la esclavitud de los indígenas, pues aludían que eran bárbaros, como Juan Ginés de Sepúlveda, quien además sostenía que por “derecho divino”, era acertada la dominación forzada de los pueblos antiguos mesoamericanos, pues algunas de sus prácticas como fueron los sacrificios humanos, el canibalismo, la adoración de la serpiente emplumada (Quetzalcoatl) o de diferentes dioses relacionados con los fenómenos naturales, resultaban intolerables para la doctrina religiosa cristiana. Por consiguiente, se les debía dominar con el uso de la fuerza y enseñarles el evangelio; en contraposición, el personaje que destacaría en el pensamiento teológico, antropológico y filosófico de esta problemática de los derechos de los indígenas, sería Bartolomé de las Casas, un hombre religioso perteneciente a la orden de los dominicos, quien defendería que los conquistadores tomaron el deber de cristianizar a los indígenas, como una excusa para encubrir sus actos de rapiña y opresión.

De este contexto histórico la pregunta que surgue es la siguente: ¿Por qué el hombre rechaza lo que es diferente a él, y más específicamente a aquellos otros seres humanos que viven y se desenvuelven de un modo distinto? Por consiguiente, obtenemos que, para algunas personas, con una moral específica y una cultura determinada, lo distinto a sus costumbres y a su ideología es por antonomasia -y conveniencia- incorrecto, malo o inaceptable. De este modo es que surgen los fenómenos de discriminación, dominación guerra entre las culturas, pero dicha relación se vuelve mucho más fina al hablar de las cuestiones religiosas, pues poseen poca tolerancia hacia otras formas de pensar.

Bartolomé De las Casas, el fraile defensor de Indios
Brevísima relación de la destrucción de las Indias (1552). Obra fundamental de Bartolomé de las Casas, donde denuncia los horrores cometidos en contra de los indígenas en la Conquista


Esto es claro en la época colonial en la Nueva España, ya que se impondría la religión católica en la región (sería el medio de dominación española por excelencia) y se pretendería acabar con la fe de los pueblos antiguos de México; para ejemplificar véase la Catedral de la Ciudad de México, construcción que se sabe fue edificada encima de los templos dedicados a los dioses aztecas, con ese significado de superioridad, o de la deliberada construcción de una iglesia dedicada a la Virgen María, en el lugar donde se realizaba el culto a la diosa madre Tonantzin en la cosmovisión del mundo prehispánico, para sustituir un culto por otro. El culto del conquistador.

Siguiendo con la idea de las grandes controversias que generan las diferentes inclinaciones religiosas, en La Nueva España los conquistadores destruyeron cualquier vestigio de las antiguas creencias mesoamericanas, pero de ningún modo justificarían las acciones llevadas a cabo por los españoles contra los seguidores de estas ideologías, los indígenas, pues existe un fallo de lógica en ese razonamiento. Ya Beuchot lo afirma de forma contundente cuando expresa:  “En efecto, los pecados no privan de los derechos naturales ni positivos humanos” citando las obras de Bartolomé de las Casas, y viendo como pecado las practicas antes mencionadas de antropofagia o de idolatría que llevaban a cabo los pueblos prehispánicos.

Bartolomé de las Casas, en su alegato, presiona al Rey Carlos V para que la situación de los indígenas mejorara, cosa que consigue cuando el Rey expide leyes de abolición de la esclavitud y la encomienda en la Nueva España en 1542, donde se incluye también la protección de la libertad de los indígenas por la Corona española y de la tolerancia de sus costumbres siempre y cuando no fueran contrarias a la fe católica.

Se aclara que el punto de la jerarquizan de las culturas (en nuestro caso, por aspectos religiosos) es generador de numerosos debates en la actualidad, que llegan a la conclusión de que no hay culturas superiores ni inferiores, ciertamente algunas tienen mayores aportaciones científicas y tecnológicas, otras literarias o del campo de las humanidades, pero algo como la cultura no debe ser cuantificable, simplemente es la expresión del ser humano y la evidencia de su paso por el mundo (Molano; 2017); por ello es que la destrucción del conocimiento y de las creencias de los pueblos antiguos de México resultó evidentemente una gran catástrofe. Sin embargo, fue gracias a otro religioso, perteneciente a la orden de los jesuitas, que se logra rescatar buena parte de las cultura indígena, principalmente de la lengua y del conocimiento de hierbas medicinales, en la obra Historia antigua de México por Francisco Javier Clavijero.

Incluso Bartolomé De las Casas aseguraba, que lo mejor para los indígenas era suspender las conquistas españolas. Aseveración que sería irrealizable, pues ¿Cómo el reino español dejaría un tesoro tan valioso, como lo fue la Nueva España? Veía de forma idealista una relación armoniosa de América con Europa, donde los Reyes de España respetaran la autoridad de los gobernantes indígenas. La conversión de los nativos (único medio de intervención en las Indias) debiera ser por la vía de la persuasión, no por imposición; sin embargo, existían muchos intereses de por medio que volverían hasta ridícula la proposición de De las Casa, aunque sus intenciones eran buenas.

La reflexión que motiva el conocimiento de esta problemática del siglo XVI debe ser aplicada en cualquier época, y es la siguiente: Las relaciones humanas deben estar siempre presididas por el respeto a los derechos humanos, por encima de cualquier ideología y/o religión, para garantizar una convivencia armónica y la paz entre las diferentes y muy diversas culturas del mundo. La figura de Bartolomé De las Casas, con los testimonios sobre sus acciones, permiten conocer el pensamiento y responsabilidad que sentía ante su fe cristiana, al respeto de las palabras de Dios y lo que éstas dictan. Demostrado en su labor por defender a los hijos de Dios del Nuevo Mundo, con ello es posible conocer las cualidades de compasión, compromiso, perseverancia, caridad y humanidad que tenía el fraile dominico durante la época colonial de México.

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Notas:
1. A la Nueva España llegaron esclavos negros provenientes de África, del comercio con Filipinas y Manila (La Nao de China) se debería  la entrada al territorio de chinos, filipinos y japoneses.

2. El clero regular eran los sacerdotes que habían prometido ser humildes, y pertenecieron principalmente a las órdenes franciscanas y dominicas que llegaron al continente americano a enseñar el evangelio, por su ideología y estilo de vida monástica  tenían un mayor acercamiento con los indígenas.


Referencias:

Beuchot, Mauricio. La Querella de la Conquista: una Polémica del Siglo XVI. Editorial:  Siglo XXI, México, 1992 p.p 142.

Carmona, Doralicia. El emperador Carlos V expide las Leyes Nuevas, Memoria Política de México. [En línea]: memoriapoliticademexico.org/Efemerides/11/20111542.html

Molano L., Olga Lucía “Identidad cultural un concepto que evoluciona” En Revista Opera, núm. 7, mayo, 2007, pp. 69-84 Universidad Externado de Colombia Bogotá, Colombia 
[En línea]: redalyc.org/pdf/675/67500705.pdf

Rodríguez, Alfonso [et al.]. Historia de México: Tercer grado. Editorial: Trillas, México, 2014 (reimp. 2016)  p.p 272

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