Madre y trabajadora, un texto de Alexandra Kollontai

Madre y trabajadora, un texto de Alexandra Kollontai

Alexandra Kollontai (1872-1952), fue una militante comunista rusa, revolucionaria y precursora del feminismo a nivel mundial. Fue la primera mujer en ocupar un cargo diplomático de manera oficial, al ser Embajadora de la URSS en Noruega, México y Suecia desde los años 20 del siglo pasado. En sus textos encontramos parte importante del pensamiento feminista actual, y es una fuente inagotable de inspiración para el movimiento obrero mundial.

Madre y trabajadora*

por Alexandra Kollontai


Mashenka, la esposa del director de la fábrica


Mashenka es la esposa del director de la fábrica. Mashenka está esperando un bebé. Aunque todos en la casa del director de la fábrica se encuentran un poco ansiosos, hay una atmósfera festiva. No es sorpresa, porque Mashenka va a presentar a su esposo con su heredero. Habrá alguien a quien él podrá dejarle toda su riqueza - riqueza creada por las manos de trabajadores y trabajadoras. El doctor les ordenó que cuiden mucho de Mashenka. No dejen que se canse, no dejen que cargue nada pesado. Dejen que coma lo que ella quiera. ¿Quiere fruta? Denle fruta. ¿Quiere caviar? Denle caviar. Lo importante es que Mashenka no se sienta afligida ni preocupada en ningún sentido. De esa manera, el bebé nacerá fuerte y saludable; el nacimiento será fácil y Mashenka se mantendrá radiante. Así es como hablan en la familia del director de la fábrica. Esa es la manera aceptada de manejar a una futura madre, en las familias en las que las carteras están llenas de oro y de notas de crédito. Ellos cuidan bien de la señorita Mashenka. “No te canses, Mashenka, no intentes cambiar ese sillón de lugar”. Eso es lo que le dicen a la señorita Mashenka. La farsa y la hipocresía de la burguesía sostiene que las futuras madres son algo sagrado. ¿Pero es este realmente el caso?

Mashenka, la lavandera


En la misma casa de la esposa del director de la fábrica pero en la parte trasera, en una esquina detrás de una cortina de cálico, se acurruca la otra Mashenka. Ella hace la lavandería y las tareas de la casa. Mashenka lleva ocho meses de embarazo. Pero ella habriría los ojos sorprendida si ellos le dijeran "Mashenka, no debes cargar cosas pesadas, debes cuidarte a vos misma, por tu propio bien, por el bien del niño y por el bien de la humanidad. Estás esperando un bebé y eso significa que tu condición se encuentra dentro de lo que para la sociedad es sagrado". Masha se lo tomaría bien como una intromisión inadecuada o bien como una broma cruel. ¿En dónde han visto una mujer de la clase obrera a la que se la trate de forma especial por estar embarazada? Masha y los cientos de miles de otras mujeres de las clases despojadas que son forzadas a vender sus manos trabajadoras saben que los propietarios no tienen piedad cuando ven mujeres necesitadas; y ellas no tienen otra alternativa, no importa que tan exhaustas estén porque ellas deben ir a trabajar. "Una mujer embarazada debe tener, por encima de todo, un buen descanso, buena comida y no mucha tensión mental". Eso es lo que dice el médico. Masha, la lavandera, y las cientos de mujeres trabajadoras, las esclavas del capital, se le reirían en la cara. ¿Un mínimo estrés mental? ¿Aire fresco? ¿Buena y suficiente comida? ¿Buen descanso? ¿Qué sabe una mujer trabajadora de estas bendiciones? Estas solo rigen para la señorita Mashenka y para las esposas de los dueños de las fábricas. Temprano en la mañana antes de que la oscuridad se desvanezca y mientras la señorita Mashenka duerme y sueña dulcemente, Mashenka la lavandera se levanta de su estrecha cama y se dirige al lavadero, oscuro y húmedo. La recibe el aire viciado de la ropa sucia; se resbala con el piso mojado, los charcos de ayer todavía no se han secado. No es por su propia voluntad que Masha se esclaviza en la lavandería sino por la necesidad de su capataz. El esposo de Masha es un trabajador y su paga es demasiado baja como para que dos personas vivan de ella. Y en silencio, apretando sus dientes, ella se queda hasta el último día posible, hasta el día del parto. No se equivoquen en pensar que Masha, la lavandera, tiene una "salud de hierro" como a las señoritas les gusta decir al hablar de las mujeres trabajadoras. Las piernas de Masha están pesadas por sus venas hinchadas al permanecer de pie por períodos tan prolongados, ella solo puede caminar despacio y con dificultad. Hay bolsas debajo de sus ojos, sus brazos también están hinchados y no puede dormir bien. Los baldes de ropa mojada son tan pesados que Masha debe inclinarse contra la pared para no caerse. Su cabeza nada y todo se vuelve oscuro delante de sus ojos. A menudo se siente como si un gran diente podrido se alojara en la parte inferior de su columna y como si sus piernas estuvieran hechas de plomo. Si tan solo pudiera mentir por una hora... tomar un descanso... pero las mujeres obreras no tienen permitido hacer ese tipo de cosas. Tamaño consentimiento no es para ellas. Después de todo, ellas no son señoritas. Masha aguanta todo en silencio. Las únicas mujeres sagradas son aquellas futuras madres que no están bajo la orden del capataz.

Masha, la criada


La señorita Mashenka necesita otra sirvienta. El señor y la señora aceptaron a una muchacha del pueblo. A la señorita Mashenka le gusta su risa y su trenza, que le llega hasta la rodilla, y la forma en que la chica va por la casa como un pajarito intentando complacer a todos. Una gema. Ellos le pagan tres rublos por mes y ella hace el trabajo que corresponde a tres personas. Luego el director de la fábrica comienza a echar un vistazo a la chica. Su atención crece. Ella no ve el peligro; ella es muy poco experimentada, muy poco sofisticada. El señor se vuelve muy amable y amoroso. El doctor le advirtió que no debe hacer ninguna demanda a su esposa. Quieta, dijo el médico, es la mejor medicina. El director de la fábrica está dispuesto a dejar que su bebé nazca en paz, siempre y cuando él no tenga que sufrir. La criada también se llama Masha. Las cosas pueden arreglarse muy fácilmente, la chica es una ignorante, una estúpida. No será difícil asustarla, puede asustarte con cualquier cosa. Y Masha queda embarazada. Deja de reirse y empieza a lucir demacrada. La ansiedad corroe por su corazón día y noche. La señorita Masha la descubre. Hace una escena. A la muchacha le dan veinticuatro horas para empacar sus cosas. Masha deambula por las calles. No tiene amigos, no tiene a dónde ir. ¿Quién va a darle trabajo a "ese tipo de chica" en algún hogar "honesto"? Masha deambula sin trabajo, sin comida, sin ayuda. Atraviesa el río. Mira la oscuridad de las olas y se aleja temblando. El frío y lúgubre río la aterroriza pero al mismo tiempo parece llamarla.

Masha, la obrera de la fábrica de tintura


Hay una confusión en el departamento de la fábrica de tintura, una trabajadora está siendo llevada como si estuviera muerta. ¿Qué le pasó? ¿Se envenenó con el vapor? ¿No habrá podido soportar el humo? No es una recién llegada. Ya es hora de que se acostumbre al veneno de la fábrica. "No es nada", dice el médico. "¿No lo ven? Está embarazada. Las mujeres embarazadas suelen comportarse de manera extraña. No hay necesidad de caer en esto". Entonces mandaron a la mujer otra vez a trabajar. Ella se tropieza como un borracho por el taller hasta que llega a su lugar. Sus piernas se adormecen y se niegan a obedecerla. No hay nada gracioso en trabajar diez horas por día, todos los días, en medio de un hedor tóxico, el vapor y ese humo dañino. Y no hay descanso para las madres trabajadoras, ni siquiera cuando las diez horas terminaron. En su casa, está su vieja y ciega madre esperando la cena y su esposo vuelve de la fábrica cansado y hambriento. Debe alimentarlos y cuidarlos. Es la primera que se levanta en la mañana, se apoya sobre sus piernas desde el amanecer y es la última en irse a dormir. Luego, para colmo, han introducido horas extras. Las cosas van bien en la fábrica; el dueño gana cada vez más. Solo da unos kopeks de más por las horas extra, pero si alguna se queja, ya sabe por donde se encuentra la salida. Después de todo hay, gracias al cielo, suficientes desempleados en el mundo. Masha intenta irse, pidiendo al director en persona. "Voy a tener un bebé pronto. Debo tener todo listo. Mis niños son pequeños y debo hacer las tareas de la casa; también tengo que cuidar a mi madre". Pero él no escucha. Es agresivo con ella y la humilla en frente del resto de las trabajadoras. "Si empiezo dando a cada mujer embarazada tiempo de descanso, será fácil cerrar la fábrica. Si no duermes con hombres, no quedarás embarazada". Asique Masha debe trabajar hasta el último minuto. Así es como la sociedad burguesa cuida la maternidad.

El parto


Para toda la familia de Masha, la señorita, el nacimiento es un gran evento. Es casi una fiesta. La casa está repleta de doctores, parteras y enfermeras. La madre se recuesta en una cama limpia y acolchonada. Hay flores en la mesa. Su esposo está a su lado; llegan telegramas y cartas. Un sacerdote da su oración de agradecimiento. El bebé nace sano y fuerte. Esto no sorprende. Hubo un gran cuidado y un gran escándalo por Masha. Masha, la lavandera, también está en trabajo de parto. Detrás de la cortina de cálico, en la esquina de una habitación llena de gente, Masha sufre. Intenta ahogar sus quejas enterrando su cabeza en la almohada. Sus vecinos son todos trabajadores y no quiere privarlos de dormir. Hacia la mañana llega la partera. Lava y acomoda al bebé y después corre hacia otro parto. Mashenka ahora está sola en la habitación. Mira al bebé. Que pequeño y delgado, flaco y arrugado. Sus ojos parecen reprochar a su madre haberlo dado a luz. Mashenka lo mira y llora en silencio para no molestar a los demás. Masha la criada da a luz a su bebé bajo una cerca en una calle suburbana. Preguntó por una casa de maternidad pero estaba colapsada, golpeó la puerta en otra pero no la aceptaron diciendo que necesitaba varios papeles con firmas. Da a luz; sigue caminando. Camina y se tambalea. Envuelve a su bebé en una bufanda. ¿A dónde puede ir? No hay a donde ir. Recuerda el río oscuro, aterrador y todavía fascinante. En la mañana la policía arrastra un cuerpo hacia afuera del río. Así es como la burguesía respeta la maternidad. El bebé de Masha, la trabajadora de la fábrica de tintura, nació muerto. No logró sobrevivir los nueve meses. El vapor que inhalaba su madre en la fábrica envenenó al bebé cuando todavía estaba en el útero. El parto fue difícil. Masha tuvo suerte de salir viva. Pero a la mañana siguiente ya estaba de pie lavando y cocinando. ¿Cómo podría ser de otra manera? ¿Quién más cuidaría de la casa de Masha y de quienes viven con ella? ¿Quién se aseguraría de que sus otros hijos se alimentaran?. Masha, la señorita, puede estar recostada en su cama por nueve días según las órdenes del doctor, ella tiene todo un cuerpo de sirvientes danzando a su alrededor. Si Masha, la obrera de la fábrica de tintura, recae en una enfermedad por ir a trabajar tan pronto que la deja lisiada como resultado, eso ya es suficientemente malo. No hay nadie que cuide de las madres trabajadoras. Nadie que levante la pesada carga que recae sobre los hombros de estas mujeres. La maternidad, ellos dicen, es sagrada. Pero esto es verdad solo en el caso de Marsha, la señorita.

Madre y trabajadora, un texto de Alexandra Kollontai

La maternidad como una cruzada


Para Masha, la señorita, la maternidad es un acontecimiento alegre. En la luminosa y ordenada guardería, el heredero del dueño de la fábrica crece bajo el cuidado de varias niñeras, supervisado por un médico. Si Masha, la señorita, tiene poca leche para alimentar a su bebé o no quiere arruinar su figura, se puede encontrar una niñera que haga ese trabajo. Masha, la señorita, se divierte con su bebé y luego va a pasear, de shopping, al teatro o al ballet. Hay alguien más que puede cuidar de su bebé. La maternidad es diversión, es entretenimiento para Masha, la señorita. Para las otras Mashas, las de la clase obrera - las de la fábrica de tintura, las lavanderas y las otras cientos de miles de mujeres de la clase trabajadora - la maternidad es una cruzada. La sirena de la fábrica llama a las mujeres a trabajar pero su hijo está inquieto y llora. ¿Cómo puede dejarlo así? Ella pone la leche en una botella y le da su bebé a una mujer vieja en la puerta de al lado o lo deja a cargo de su joven hija. Va a trabajar pero no deja de pensar en su bebé. La pequeña niña, bien intencionada pero ignorante, quizás trate de alimentar al bebé con pedacitos de pan. El bebé de Masha, la señorita, se ve mejor cada día. Fuerte y sano. Los niños de las trabajadoras de la fábrica, las lavanderas y las campesinas crecen cada vez más flacos. Todas las noches el bebé se acurruca y llora. El doctor va y regaña a la madre por no alimentar a su bebé apropiadamente. "Y te llamas a vos misma como una madre. Ahora debes culparte a vos misma por la muerte de este bebé". Los cientos de miles de mujeres trabajadoras siquiera intentan defenderse. Inclinan la cabeza secando sus lágrimas. ¿Pueden decirle al doctor las dificultades que las atraviesan? ¿Les creería? ¿Las entendería?

Mueren como moscas


Los niños están muriendo. Los hijos de los trabajadores y las trabajadoras están muriendo como moscas. Un millón de tumba, un millón de madres estremecidas. ¿Pero los hijos de quién mueren? Cuando la muerte asecha la cosecha de primavera, ¿los niños de quiénes caen en la guadaña? Como podemos imaginar, la muerte recoge a los más pobres y no a los niños de familias adineradas, amamantados y cuidados por sus niñeras. En las familias de la realeza, de cada cien niños nacidos solo entre seis y siete mueren. En las familias trabajadoras, de cada cuarenta y cinco niños mueren treinta. En todos los países en los que el capitalismo controla la economía y los obreros venden su fuerza de trabajo y viven en la pobreza, el porcentaje de bebés que mueren en la niñez temprana es realmente alto. En Rusia, son más altos que en cualquier otro lugar.

Aquí están los números comparativos del número de niños que sobreviven a la niñez temprana: Noruega 93%, Suiza 89%, Inglaterra 88%, Finlandia 88%, Francia 86%, Austria 80%, Alemania 80% y Rusia 72%. Pero hay una enorme cantidad de provincias en Rusia, especialmente en las que abundan las fábricas, en las que el 54% de los niños mueren al nacer. En las áreas de las grandes ciudades en las que viven los ricos, la mortalidad infantil está entre el 8% y el 9%; en el área de la clase obrera el porcentaje ocila entre el 30% y el 31%. ¿Por qué la cifra de mortalidad de los hijos de los proletarios es tan alta? Para crecer sano y fuerte los niños necesitan aire fresco, calidez, sol, limpieza, atención y cuidado. Necesitan ser amamantados; la leche de sus madres es comida natural y los ayuda a crecer y crecer fuertes. ¿Cuántos niños provenientes de familias de la clase obrera tienen todo esto? La muerte pisa fuerte en los hogares de las familias obreras porque esas familias son pobres, sus casas están abarrotadas y húmedas y el sol no llega al sótano; por la gran cantidad de personas que las habitan, suelen estar sucias. Este es el motivo por el que las madres trabajadoras no pueden cuidar a sus hijos apropiadamente. La ciencia ha establecido que la alimentación artificial es es peor enemigo de los niños: hay cinco veces más posibilidades de que los niños alimentados con leche de vaca mueran y quince veces más si son alimentados con otra comida, en comparación con quienes son amamantados. ¿Pero cómo la mujer que trabaja fuera de su casa, en la fábrica o en el taller, puede amamantar a su niño? Ella tiene suerte si el dinero le alcanza para comprar leche de vaca, porque eso no pasa todo el tiempo. ¿Y qué tipo de leche venden en los comercios a las mujeres trabajadoras? Tiza mezclada con agua. En consecuencia, el 60% de los bebés que mueren lo hacen por enfermedades estomacales. Muchos otros mueren por lo que los médicos llaman "la inaptitud para vivir": la madre agotada por su trabajo físico da a luz prematuramente o bien el niño sufre envenenamiento por los vapores de las fábricas cuando está en el útero. ¿Cómo las mujeres de la clase trabajadora pueden cumplir con sus obligaciones maternales?

¿Hay una solución para este problema?


Si los niños nacen muertos, nacen enfermos o nacen para morir como moscas ¿hay algún punto en embarazarse? ¿Qué sentido tienen todas las pruebas de embarazo si la mujer tiene que abandonar a sus hijos cuando son tan pequeños? A pesar de lo mucho que desean criar a sus hijos apropiadamente, ellas no tienen el tiempo necesario para cuidarlos. Desde que este es el caso, ¿no es mejor y más simple abolir la maternidad? Muchas mujeres comienzan a pensarlo dos veces antes de tener hijos. No tienen la fuerza para poder soportar esa situación. ¿Hay alguna solución al problema? ¿Deben las mujeres trabajadoras privarse de la última alegría que les queda? La vida la lastima, la pobreza no le da ninguna chance y la fábrica consume toda su energía ¿quiere decir esto que las mujeres obreras deben abandonar su derecho de tener hijos? ¿Abandonar sin dar la batalla? ¿Sin intentar ganar el derecho natural que tiene cada criatura y cada animal? ¿Hay una alternativa? Por supuesto que la hay pero no todas las trabajadoras son conscientes aun.

¿Cuál es la alternativa?


Imaginemos una sociedad, personas, una comunidad en la que no hay más señoritas Mashenka ni lavanderas Mashenka. Una sociedad en la que no hay parásitos ni trabajadores contratados. Una sociedad en la que todos hagamos en mismo trabajo y la sociedad los cuida y los ayuda en sus vidas. Así como hoy las señoritas Mashenka son cuidadas por sus propios parientes, esos que necesitan mayor atención - las mujeres y sus niños - sean cuidados por la sociedad, una sociedad que es una enorme y contenedora familia. Cuando Mashenka, quien ya no es ni una señorita ni una sirvienta sino que es una simple ciudadana se embaraza, ella no debe preocuparse por lo que le va a pasar a su niño. La sociedad, esa gran y jovial familia, va a cuidarlo. Una casa especial con un jardín y flores estará preparado para recibirla. Estará diseñado para que todas las mujeres embarazadas que acaban de dar a luz puedan vivir saludable y confortablemente. Los doctores en dicha sociedad no solo se ocuparan de preservar la salud de la madre y de su niño sino de aliviar el dolor de la madre que acaba de atravesar el parto. La ciencia está progresando en este sentido y esto podrá ayudar al médico. Cuando el niño sea lo suficientemente fuerte, la madre puede volver a su vida normal y tomar otra vez el trabajo que realiza para ayudar a esta gran comunidad. Ella no necesita preocuparse por el niño. La sociedad está ahí para ayudarla. Los niños crecen en el jardín, en la colonia, en la guardería y en la escuela bajo el cuidado de las niñeras experimentadas. Cuando una madre quiere estar con sus hijos, ella solo debe decirlo; y cuando no tiene tiempo, ella sabe que estará en buenas manos. La maternidad es una gran cruzada, hoy solo las señoritas Mashenka disfrutan de la alegría de ser madre. Pero una sociedad como tal, ¿solo puede encontrarse en los cuentos de hadas? ¿Puede una sociedad así existir? La economía y la historia de la sociedad y el Estado muestra que esa sociedad puede y debe ser el porvenir. A pesar de los capitalistas ricos, los dueños de las fábricas y los terratenientes, el cuento de hadas puede hacerse realidad. La clase trabajadora en todo e mundo está luchando para volver este sueño realidad. Y a pesar de que esta sociedad está lejos de ser esa gran familia, a pesar de que hay muchas batallas y sacrificios por delante, es al mismo tiempo una verdad que la clase obrera en otros países ha tenido grandes triunfos. Trabajadores y trabajadoras intentan atravesar la maternidad luchando por aprobar leyes en su favor, tomando otras medidas.

¿Cómo puede la ley ayudar?


Lo primero por hacer y lo primero que los obreros y las obreras están haciendo en todos los países es lograr que la ley defienda a las madres trabajadoras. Desde que la pobreza y la inseguridad fuerzan a las mujeres a trabajar y desde que el número de mujeres desempleadas aumenta todos los años, lo primero que se debe lograr es que el trabajo no se convierta en una tumba de la maternidad. La ley debe intervenir para ayudar a las mujeres a combinar el trabajo con ser madres. Trabajadores y trabajadoras demandan en cada lugar la prohibición del trabajo vespertino para las mujeres y los jóvenes, jornada de ocho horas y la prohibición del empleo de niños menores de dieciséis años. Exigen que las mujeres jóvenes y los chicos de dieciséis años solo deban trabajar medio día. Esto es importante, especialmente desde el punto de vista de las futuras madres, porque entre los dieciséis y dieciocho años las niñas comienzan a crecer y a transformarse en mujeres. Si se les exige por demás desde esa edad, su posibilidad de ser madres sanas está totalmente anulada. La ley debe declarar categóricamente que las condiciones laborales no pueden afectar a la salud de las mujeres, los métodos nocivos de producción deben ser reemplazados por métodos seguros o eliminados; el trabajo pesado o las máquinas propulsadas a pie, etc. debe ser mecanizado; los lugares de trabajo deben mantenerse limpios y no estar bajo temperaturas extremas; los baños, lavaderos y comedores deben estar proporcionados, etc. Estas demandas pueden lograrse - ya se han conquistado en otras fábricas - pero a los propietarios no les agrada gastar dinero. Todas estas exigencias son costosas, y la vida humana no lo es. Debe haber una ley que implique que las mujeres deben sentarse cada vez que sea posible. Es muy importante también que haya multas contra los dueños de fábricas que incumplan estas leyes. El trabajo de chequear esto debe ser encomendado no solo a los inspectores de fábricas sino que también a los representantes electos por los trabajadores.

Protección de la maternidad


La ley debe proteger a las madres. Hasta ahora, la ley en Rusia (artículo 126: "las condiciones en las fábricas") da a las mujeres trabajadoras el derecho de una licencia de cuatro semanas al dar a luz. Esto, por supuesto, no es suficiente. El partido de las trabajadoras demanda para las mujeres una licencia de dieciséis semanas: ocho antes y ocho después del nacimiento. La ley debe tomar en cuenta que las madres tienen derecho de retirarse temprano de sus trabajos para alimentar a su bebé. Esta demanda ya es ley en Italia y en España. La ley también exige la construcción de guarderías debe proveerse en las fábricas y talleres, en los que los bebés pueden ser amamantados.

Madre y trabajadora, un texto de Alexandra Kollontai
Alexandra Kollontai en México, 17 de diciembre de 1926. Foto: Sputnik


Seguro de maternidad


Sin embargo, no es suficiente una ley que solo provea a las mujeres el derecho de no trabajar durante el período de nacimiento del niño. Es esencial que la sociedad garantice las necesidades materiales de las mujeres durante el embarazo. No sería realmente un "descanso" para la mujer si, sin más, se la privara de ganarse el pan de todos los días por dieciséis semanas. Eso conduciría a las mujeres a una muerte segura. Por lo tanto, la ley no solo debe proteger a la mujer en su lugar de trabajo sino que también, a expensas del Estado, otorgar un seguro de maternidad. Dicho seguro ha sido recientemente introducido en catorce países: Alemania, Austria, Hungría, Luxemburgo, Inglaterra, Australia, Italia, Francia, Noruega, Serbia, Rumania, Bosnia, Herzegovina y Rusia. En once países, incluyendo a Rusia, las mujeres trabajadoras se aseguran a si mismas una oficina de seguro pagando contribuciones semanales. A cambio, la oficina les otorga un seguro de maternidad (el monto varía según el país pero en ninguno supera el salario) y provee la asistencia de un médico y una partera. En Italia, las mujeres trabajadoras pagan su cuota y reciben ayuda de una oficina especial de maternidad. Las contribuciones adicionales son pagadas por el propietario de la fábrica y por el Estado. Incluso en este caso, las mujeres trabajadoras deben hacerse cargo de la mayor parte del financiamiento. En Francia y en Australia las trabajadoras no deben contratar ningún seguro. Cualquier mujer, casada o no casada, puede recibir ayuda del Estado si lo requiere. En Francia el beneficio por un período de ocho semanas (entre veinte y cincuenta kopeks por día, a veces más), además de la asistencia de un doctor y una partera. En Australia, se les da una suma global de cincuenta rublos. En Francia el sistema de "amas de llaves sustitutas" está bien organizado. Hasta la finalización del embarazo, una amiga o una vecina que haya asistido al curso gratuito sobre el cuidado de mujeres embarazadas y niños recién nacidos puede ayudar. Ella hace visitas diarias hasta que la madre se recompone: ordena la casa, cocina la cena, cuida al bebé y el departamento de maternidad le paga por este trabajo. En Francia, Suiza, Alemania y Rumania las madres también reciben beneficios por el departamento de maternidad durante el período de lactancia. Los primeros pasos para proveer seguridad a las madres se están dando.

¿Cuáles son las demandas de los trabajadores?


Sin embargo, lo hecho hasta el momento es, por supuesto, muy poco. La clase obrera ve que se hace cargo a si misma de las dificultades de la maternidad. La clase obrera quiere asegurarse de que la ley y el Estado se hagan cargo de las necesidades más apremiantes de la mujer trabajadora (sus necesidades materiales y económicas). A pesar de que la clase obrera solo realizará esto en una nueva sociedad, en esa enorme y contenedora familia que mencionamos antes, hacerse cargo por si misma de las necesidades de las mujeres y de los niños ahora es aun así un alivio para las mujeres trabajadoras. Mucho se ganó hasta ahora. Pero la lucha continúa. Si trabajamos juntos ganaremos mucho más. El partido de trabajadores en cada país demanda que debe existir un seguro de maternidad que rija sobre todas las mujeres independientemente de su trabajo, no importa si la mujer es una sirvienta, una trabajadora fabril, una artesana o una pobre campesina. Los beneficios deben incluir el período anterior y posterior al parto, por un período de dieciséis semanas. Cada mujer debe continuar recibiendo esta cobertura si el doctor nota que no se ha recuperado lo suficiente o si el bebé no es suficientemente fuerte. Cada mujer debe recibir este beneficio aun si su hijo nace sin vida o si es prematuro. El seguro por maternidad debe ser un 150% más alto que el salario normal; cuando una mujer es desempleada debe recibir un 150% más que el salario promedio. La ley también debe decir que - y esto es muy importante - que el seguro por maternidad no puede ser menor que un rublo por día en las grandes ciudades ni menos que setenta y cinco kopeks por día en las pequeñas ciudades. Aparte de esto, si el salario de una mujer es de treinta kopeks, debería recibir solo cuarenta y cinco kopeks ¿y puede una madre vivir apropiadamente con un recién nacido con cuarenta y cinco kopeks por día? ¿puede una madre adquirir todo lo que necesita para vivir y estar sana con cuarenta y cinco kopeks? Esa madre debe obtener beneficios del departamento de maternidad por todo el período de lactancia y durante no menos de nueve meses; el ingreso debe ser, aproximadamente, la mitad del salario promedio. Este seguro, por lo tanto, debe ser pagado antes y después del parto y debe ser pagado directamente a la madre o a quien ella autorice. El derecho a recibir este seguro debe explicitarse sin ningún tipo de condición como las que rigen actualmente. Según la ley de Rusia, por ejemplo, una mujer debe ser miembro de un departamento de maternidad durante tres meses para tener acceso. Una mujer debe tener garantizado el servicio gratuito de un doctor y una partera y la colaboración de una "ama de llaves sustituta" como se organiza en Francia, Alemania e Inglaterra. La responsabilidad de asegurar que esta ley se cumpla debe estar relegada a las delegadas electas por las mujeres trabajadoras. Las mujeres embazadas y las madres sustitutas deben tener el derecho legal de recibir leche de forma gratuita y, de ser necesario, ropa para el bebé. El partido de trabajadores también exige que la ciudad, el zemstvo o el departamento de seguros construya guarderías para los niños en cada lugar de trabajo. El dinero para esto debe provenir del propietario de la fábrica, de la ciudad o del zemstvo. Dichas guarderías deben estar organizadas para que cada madre pueda visitar y alimentar a su bebé en el receso laboral que la ley le permite. La guardería debe ser dirigida por las mismas madres trabajadoras. La ciudad, el zemstvo o el departamento de seguros debe, a expensas propias, construir un número suficiente de: (I) casas de maternidad, (II) casas para embarazadas y para mujeres que están solas y desempleadas (esto existe ya en Francia, Alemania y Hungría), (III) consultas médicas gratuitas para las madres y para sus niños, para que el doctor pueda observar el curso del embarazo, dar las indicaciones necesarias e instruir a la madre en el cuidado del niño, (IV) clínicas para niños enfermos como las que se construyeron por la liga de las mujeres laboristas en Inglaterra, (V) jardines maternales en los que las madres puedan dejar a sus niños - de dos a cinco años de edad - mientras que cumplen su jornada laboral - hasta el momento, las madres regresan de sus trabajos cansadas y exhaustas, con la necesidad de paz y quietud e inmediatamente deben comenzar a trabajar nuevamente haciéndose cargo sus niños hambrientos, sucios y desalineados; sería una enorme diferencia para esas madres recoger a sus hijos comidos y aseados y tener a sus hijos mayores ayudando con las tareas de la casa - (VI) cursos gratuitos de cuidado de niños para las mujeres jóvenes y las madres, (VII) desayuno y cena gratuitos para mujeres embarazadas y niñeras, un servicio que ya se está brindando en Francia. Estas medidas no deben ser vistas como “filántropas”. Todos los miembros de la sociedad - y eso quiere decir cada mujer trabajadora y cada ciudadano hombre y mujer - tiene el derecho de exigir al Estado y a la comunidad que se preocupen por el bienestar de todos. ¿Por qué las personas forman un Estado, si no es este el propósito? Actualmente, no hay ningún gobierno en el mundo que cuide a los niños. Los trabajadores y trabajadoras en todos los países luchan por una sociedad y un gobierno que se convierta en una gran familia en la que todos los niños sean iguales y todos cuiden de todos de igual manera. Entonces la maternidad será distinta y la muerte dejará de cosechar tanto entre los recién nacidos.

¿Qué es lo que todas las mujeres trabajadoras debemos hacer?


¿Cómo triunfaran todas estas demandas? ¿Qué acción debemos llevar adelante? Toda mujer trabajadora, toda mujer que lea este folleto, debe dejar de lado su indiferencia y comenzar por apoyar el movimiento de la clase obrera, que está luchando por esto y está transformando el viejo mundo en un futuro mejor en el que las madres no llorarán más lágrimas amargas y en el que la maternidad será una gran alegría y un enorme orgullo. Cuantas más mujeres se unan al movimiento de la clase obrera, más grande será nuestro poder y más rápido vamos a conseguir lo que queremos. Es nuestra felicidad y la vida y futuro de nuestros niños lo que está en juego.

*El texto apareció como folleto en la Rusia Zarista en 1916.
La presente versión la tomamos de marxists.org

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