A pesar de los años [Cuento]

A pesar de los años [Cuento]

A pesar de los años
por Yessika María Rengifo Castillo*


Laura comprendería que las casualidades jamás existirían, y tan sólo eran las citas del destino, que hablaba el gran Cortázar. Ese que solía leer bajo el sauce del viejo Nicolás, y compartiría tiempo después con Pablo…

A Pablo lo conoció la noche en que Venus y Marte, danzaron al compás del travieso Cupido. Sus ojos se encontraron en aquella feria del libro, que él  presentaba su aclamada novela ante un público encantador. Nunca había sido una ferviente lectora de Pablo, pero consideraba que era un gran escritor. De esos que ofrecían historias infinitas ante una compleja vida, quizás como la suya.

Todos los fragmentos que él  había leído lo sentía suyos ante su insistencia de no quitar sus ojos amarillos de ella, que pensaba que esto podría ser el inicio de un por siempre. Al concluir la presentación del libro Laura apresuro sus pasos, y deseaba partir, cuando sintió una voz que estremeció su cuerpo. Era Pablo quien le pedía; que le aceptara tan sólo un café, y la dejaría en paz. Un poco confusa acepto su ofrecimiento ante el viejo café que frecuentaba en sus días de estudiante, y se sentaron en la mesa que daba a la calle esa siempre fue su  cómplice en días sombríos.

Sin quitar sus ojos amarillos ante aquellos ojos vino tinto, Pablo le contó su vida desastrosa en Mar de Plata y sus inicios como repartidor de frutas ante la gran Buenos Aires, y un poco de su aclamada carrera como escritor. Ella que había permanecido en silencio y asombro, le agradeció hacerla participe de su vida. Él acepto sus halagos, y deseaba conocer un poco de esa mujer que le encantaba. Laura le narró que venía saliendo de una relación tormentosa con Agustín, quien había sido su pareja durante siete años y el causante de la cicatriz de su frente.  No quería  saber nada del amor, y  la pérdida del bebé que venía en camino, arraso todo sentimiento que existía en ella. Pero hoy no era igual su compañía hacían que su vida volviera tener sentido, y su corazón se aceleraba. Él se sentía sorprendido, ante lo que ella acaba decirle. No podía creer que ese hombre no hubiese valorado, y amado a  esa mujer que lo volvía loco. Tomo sus manos y le recordó; que todo es temporal en este universo, y que ahora sería un nuevo comienzo...

Desde ese día no dejaron de frecuentarse, y contarse historias. A tal punto que Pablo le recordó que ya era un hombre bastante viejo, y ella una mujer tan joven y bella, que era un delito robarse su tiempo. Laura cerró su boca a punta de besos no sin antes decirle, que lo amaba más que  al invierno, que era su estación del año favorita. Y deseaba estar a su lado porque por primera vez, sabía que el amor podría renacer en su marchita vida. Frente esas palabras Pablo la tomó de su cintura, y  le manifestó que la amaba tanto o más  que  los atardeceres del cielo, y que deseaba ser parte de su historia. Laura se sonrojo y agradeció tanto amor hacia a  ella,  que era tan simple como el viento. Pablo beso sus labios que eran fragmentos de fresas en la mañana, y néctar de las mariposas en la tarde. Con su boca recorrió su cuello, que era el de un cisne en la primavera de abril, que se mezcla entre jazmines. Desabrocho su vestido amarillo y jugo con su lengua en sus hermosos pechos que eran la copa de Dionisio. Entre sus labios y su lengua bailaron en su vientre de guitarra, que destilaba las violetas de la noche.  Sus manos pintaron los colores del arcoíris en su piel de seda, y al llegar a su monte de Venus, el sol y la luna prometieron no separarse.

Desde ese y varios encuentros habían pasado cinco meses. Laura no se encontraba bien esa mañana, las náuseas hacían estragos en su estómago, el mareo traía las estrellas mal formadas de la noche, y sus pechos adoloridos los cólicos del ayer. Algo no estaba bien en su cuerpo, y Pablo lo había notado pero se negaba aceptar un intruso en su historia. Había sido padre hacia treinta años, que serlo ahora sería un mal capítulo de su historia, y la duda atormentaba su mente. Le pregunto a Laura; el porqué de sus pastillas anticonceptivas y toallas  higiénicas sin uso aproximadamente hacia un mes. Ella le contó, que sus encuentros eran tan placenteros y terminaba tan exhausta, que olvidaba tomar las pastillas. Y tenía razón, aproximadamente hacia un mes no usaba las toallas higiénicas porque tenía un retraso pero no la angustiaba, nunca había sido regular.

Pero esta mañana no es normal lo que ocurría en su cuerpo, y podían salir de la duda haciéndose una prueba de embarazo. La cara de Pablo no era la de una torta de cumpleaños pero aceptó el ofrecimiento de Laura, no sin pensar que ser padre después de treinta años marcaría su vida, y era culpable de esta situación. Nunca quiso utilizar los preservativos que ella compraba, su ego de macho había bloqueado su mente, pero aceptaría lo que Laura deseara era su cuerpo, y la amaba tanto. Las dos líneas anunciaron que el intruso estaría en casa en unos meses, la panza de ella crecería, y su amor sería compartido. No era la mejor noticia para Pablo y Laura lo notaba, que emanaron de sus ojos tintos algunas lágrimas. Anunciándole que tampoco era lo que esperaba, pero enternecía su corazón un ser que tenía fragmentos de los dos, y la hacía sentir más viva que antes. Él seco sus lágrimas y le pidió que lo perdonara, era un egoísta enamorado y asustado, que a pesar de los años sería el mejor de los padres. Ella se aferró a su pecho, y comprendió que Cortázar había sido su mejor  maestro. De eso no le cabía dudas a Pablo que conoció el sauce del viejo Nicolás entre la prosa de Julio.

Hoy a los 69 años a pesar de los años, Pablo es el padre Luna y lo anunciado el médico del hospital Italiano. Laura no puede contener el invierno de sus ojos, que traen felicidad a su compungido corazón a pesar de los años.

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A pesar de los años [Cuento]*Yessika María Rengifo Castillo. Escritora colombiana. Docente, licenciada en Humanidades y Lengua Castellana, especialista en Infancia, Cultura y Desarrollo, y Magister en Infancia y Cultura de la Universidad Distrital Francisco José De Caldas,  Bogotá, Colombia. Desde niña ha sido una apasionada por los procesos de lecto-escritura, ha publicado para las revistas Infancias Imágenes, Plumilla Educativa, Interamericana De Investigación, Educación, Pedagogía, Escribanía, Proyecto Sherezade, Monolito, Perígrafo, Sueños de Papel, Sombra del Aire, Plumilla y Tintero, Chubasco en Primavera, Íkaro, Grifo, La Poesía Alcanza Para Todos, Ibidem, Narratorio, Piedra Papel & Tijeras,  Extrañas Noches, Cadejo, Microscopías, Psicoactiva, Ágora, Con voz  Propia, Un Mar de Letras, Cheshire, Luke, Revolución. Net, Venga Le Cuento, Carcaj, Nudo Giordiano, Contrapunto, El futuro del ayer, hoy, Fundación Cesar Egidio Serrano, Acceso Didasko, Letrambulario, Cultural Siete Artes, Letrantes, Puro Cuento, Temblor Asidero Poético, Kundra, La Galera,  Tu Breve Espacio, Anaquel Literario, Archivos Del Sur, Tártarus, Tertulia Literaria Mundial, Letras en el andén, Historias Pulp, etc. Ha participado en diferentes concursos nacionales e internacionales, de cuentos y poesías. Autora del poemario: Palabras en la distancia (2015),  y los libros  El silencio y otras historias, y Luciana y algo más que contar, en el librototal.com. Ganadora del  I Concurso  Internacional Literario de Minipoemas Recuerda, 2017 con la obra: No te recuerdo, Amanda.

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