Doce hombres en pugna: el poder de la palabra

Título: Doce hombres en pugna (Twelve Angry Men)

Año: 1957

Género: Drama

Director: Sidney Lumet

Actores: Henry Fonda, Lee J. Cobb, Jack Warden, E.G. Marshall, Martin Balsam, Ed Begley, John Fiedler, Robert Webber, Jack Klugman, George Voskovec, Joseph Sweeney, Edward Binns, Billy Nelson, John Savoca, Rudy Bond, James Kelly.

El Drama Judicial


La película Doce hombres en pugna tiene mucho que decir desde un inicio neto: Doce hombres de la corte de los Estados Unidos de Norteamérica tienen en sus manos el porvenir de una vida. Pese a mostrarnos un ambiente monocromático, la película no por ser de “blanco y negro” es precisamente aburrida, muy por el contrario, está llena de un drama policial o detectivesco, donde cada hecho, cada palabra, sale a relucir muchas dudas y sobresaltos.

El tema es sencillo, se le culpa a un joven de 17 años de haber cometido el delito de matar a su padre, se presentaron dos testigos y once de los integrantes del jurado no tienen duda de que el chico es culpable, sin embargo, uno no se la juega, el jurado número 8 sabe a conciencia que no hay una solución sencilla.

Doce hombres en pugna: el poder de la palabra

Doce hombres en pugna: La Argumentación


El jurado dudoso explica a sus compañeros el porqué de sus dudas, revelando el lado más humano y razonable que una persona debe tener, mientras los otros quieren tomar una decisión rápida, irse a sus casas, quitarse el calor bochornoso, ver el partido etc. Porque la decisión debe ser unánime y no se puede proseguir si todos los integrantes del jurado no están de acuerdo en sentenciar al joven, por ello, el jurado 8 les vuelve difícil la jornada a los demás.

Afirmar en esta película involucra acabar con una vida y las dudas sobre la culpabilidad pueden salvarla, una situación muy complicada para manejar, donde se añade la fácil irritabilidad de los hombres, sus palabras altisonantes, su comportamiento recio e iracundo que representan excelentemente los actores, llenando de interés a los espectadores, reanimando la atención con ese toque de informalidad.

Doce hombres en pugna anima en el uso de la argumentación y del criterio ético como vías de la solución de problemas, dejando de lado los clichés (prejuicios), los sentimientos de rechazo y el recelo. El saber expresar las dudas y los razonamientos, es lo que afianza a este juez valeroso a tratar de convencer a sus semejantes, escrudiñando cada rasgo físico, palabra y detalle de lo que los testigos y las palabras que usaron para describir todo lo que envuelve este acontecimiento de homicidio, para que se pueda dar una solución recta.

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