Arturo Meza; el lado oscuro del rock mexicano

Arturo Meza: Yo no ero tu cirquero, tampoco ero tu bufón


La historia para mí podría empezar en el Tianguis del Chopo, en el antiguo Distrito Federal, pero prefiero empezarla en León Guanajuato en “La Arcadia” (sic) un legendario bar en la Calzada de los Héroes, justo frente al León de la Calzada. Hay tantas y tantas historias que yo podría comenzar o terminar en ese bar. Mi historia comienza a mitad de la década pasada (entre 2003 y 2005) en ese histórico lugar que fuera escenario de varios músicos locales y no tan locales. Esa noche tocaría ahí Arturo Meza, el mismísimo Arturo Meza para el cual habría que pagar alrededor de $300MXN para ir a verlo al Lunario o algún otro foro en Guadalajara o México, o esperar a que hubiera algún evento social masivo en dónde Meza fuera invitado, para poder intentar verlo entre cientos o miles de personas, parado, cuidándote que no te pisen, te empujen, te tiren algo encima o te roben.

Aquí, en este bar donde caben menos de 40 personas, podríamos verlo con sólo comprar una michelada de a litro o cualquier otra bebida a precio casi de tienda. Tener a Arturo Meza a la distancia de un brazo, poder hablar con él, solicitarle canciones, chocar copas con él; es uno de los muchos privilegios que te da vivir en la Ciudad Verde. Es bien sabido que a Meza le gusta mucho León Guanajuato, que no desaprovecha oportunidad para tocar en La Perla del Bajío. Pero en esta ocasión, unos tipos de una mesa cercana empezaron a chotearlo (por un tema que no merece ni mención) por lo que Meza desconectó su equipo, guardó su guitarra y simplemente se fue. Había ido ahí a tocar, a compartir un momento con nosotros; no a “divertirnos” ni a que se divirtieran a sus costillas, no fue a que se burlaran de él. Había tocado por más de una hora, pero a pesar de que sus recitales en León solían parecer interminables y que todos queríamos más; creo que nadie se desilusionó de la acción: El Maestro tuvo razón. No quedó más que seguir bebiendo y darle a esa noche otro rumbo; finalmente “La vida no vale nada”.

Arturo Meza; el lado oscuro del rock mexicano

Yo no ero quien pensaban


Arturo Meza es quizás el músico más extraño del ambiente mexicano; extraña es su forma de ser, extraña su manera de organizarse, extraños sus conciertos, extraña su versatilidad para moverse de un género musical a otro que no tiene absolutamente nada que ver. Un amigo en una ocasión me dijo “Los artistas del centro del país siempre están buscando ese misticismo cristiano, esa magia medieval, ese misterio. Y lo buscan como temiendo y añorando a la Santa Inquisición. Por algo es tierra cristera” Durante los primeros siglos de la Nueva España esa era la frontera con los pueblos chichimecas, por lo que debía no sólo autoafirmarse una y otra vez en su carácter novohispano, y ser muchas veces más sanguinaria que los mismos “salvajes”.

El centro del país fue durante los primeros años de la invención del Nacionalismo Mexicano, la esencia de México y lo mexicano; y aunque con el tiempo, Francisco Toledo se llevó la raíz hacia Oaxaca, el centro sigue conteniendo la singularidad de México. Efectivamente los hechos y la ideología de la Guerra Cristera sigue viva en esa zona (misma ideología también que llevó a la “independencia” y a los dos imperios. Cristos ensangrentados con cabello humano aparecen de pronto en las esquinas, impresionantes iglesias surgen en las ciudades de ecosistema desértico de la zona (excepto por el verdor de León), Guadalajara se alza orgullosa sabiendo que, si no es la capital de México, sí es la capital de Los Mexicanos, personas con actitudes e ideologías radicales poco ortodoxas sobre religión, política, misticismo pululan en las calles.

Arturo Meza; el lado oscuro del rock mexicano

La derecha en México ha desaparecido del protagonismo político para refugiarse en los cabildos, desde dónde coquetea no sólo con el PAN, sino también con el PRI, Morena o el PRD; pero su partido político más antiguo (la Unión Nacional Sinarquista; semilla del PDM y referente del PES) sigue teniendo presencia en el Centro del País, y sigue teniendo su base en León Guanajuato, dónde fue fundado.  Así bajo este panorama nace Arturo Meza en Tocumbo Michoacán en 1956, en dónde descubrió su amor por la música mexicana tradicional y por el blues, lo que lo llevó a incursionar con los primeros autores del llamado género “rupestre”. Las guitarras de Paracho Michoacán tienen fama internacional, es difícil encontrar un sonido similar y una flexibilidad a la hora de tocar, así comenzó Arturo, tocando la guitarra en un trío norteño cuando aún era menor de edad. Meza se inició profesionalmente dentro del grupo Decibel en 1973; era una banda experimental, utilizaban cintas grabadas y otros medios alternativos muy primitivos para generar música, acompañando sus presentaciones con proyecciones y performances, algo poco común en la época.

Yo no creo en Televisa, tampoco en su rock´n roll


Al iniciar su carrera como solista se puso en contacto con otras agrupaciones musicales similares como La Tribu, que incorporaban instrumentos mesoamericanos prehispánicos en su música; y Chac Mool (del también michoacano Jorge Reyes, cuya experimentación con los instrumentos mesoamericanos iba acompañada de una búsqueda de la espiritualidad, un misticismo similar al de Meza, sólo que en Arturo Meza sería mucho más sanguinario: chichimeca y medieval a la vez).

A principios de los 80´s, debido a la incapacidad de hacerse de instrumentos más costosos, algunos músicos mexicanos como Rodrigo (Rockdrigo) González formaron el Movimiento Rupestre: baladistas acompañados de guitarra, armónica y ocasionalmente un teclado, lo cual daba un resultado muy similar al de Dylan en su primera época. Los Rupestres eran indigenistas; no podían ser de otra forma; los libros de la SEP y los murales de Rivera nos decían que eso era ser mexicano, y nos pintaban el mundo prehispánico como un paraíso. Eran la primera generación educada bajo los “principios revolucionarios” y uno de ellos en el que la SEP puso especial énfasis fue el de identificar la mexicanidad con el indigenismo (algo que chocó mucho con las anteriores generaciones educadas en el positivismo y el liberalismo, y cuya visión de lo que es y debería ser México era mucho más amplia; y que a la postre contribuiría a cambiar la capital cultural del país de la criolla León y la mestiza Guadalajara a la más indígena Oaxaca. Fue la SEP y no Toledo quien desplazó al Cervantino con la Guelaguetza).

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Los Rupestres creaban sus propios sellos discográficos, sus propios estudios, organizaban ellos mismos sus eventos. Arturo Meza fue encasillado dentro de este rubro, pero él iba más allá; no sólo creó el sello “Gente de México” que sigue utilizando y varios estudios de grabación casero, así como sus propios conciertos y festivales; sino que también creaba sus propios instrumentos (le debemos la invención del mezáfono, el yeloguerlizat, el gasófono y el teclaedro, entre otros instrumentos). Para Meza, a la muerte de Rockdrigo la mafia de Televisa se había comido al rock mexicano, contaminándolo irremediablemente. Por lo que siguió y sigue trabajando bajo sus propios esquemas: Buscan un teatro o foro (así sea el mismo Lunario del Auditorio Nacional), lo rentan y ellos mismos publicitan el evento (lo cual no siempre significa un éxito económico).

Yo no tengo vergüenza, tampoco tengo temor


En toda su producción que actualmente consta de 33 discos, desde el primero “No vayamos a irnos sin el mar” (1984) hasta el más reciente “Ni serpientes ni Escaleras” (2016), e incluso en sus más de 20 libros; se descubre en sus letras la temática esperada del indigenismo oficial y de este neoindigenismo europeo nacido a finales del siglo pasado, pero con gran aceptación en la Europa de nuestros días (según el cual, las civilizaciones mesoamericanas así como todas las civilizaciones no-europeas, son extraterrestres o el resultado de un encuentro extraterrestre. Lo que las hace superiores a las europeas en casi todo, pero también se atisba algo de racismo, puesto que supone que los no-europeos no tienen ni tuvieron jamás la inteligencia para formar sus propias sociedades, y que aun así, estas sucumbieron en cuanto los marcianos se fueron en sus platos volantes. Para esto, esta “nueva” teoría adjudica a los mesoamericanos –mayas, sobre todo- características, prácticas e ideología hindú).

Pero la obra de Meza resalta por abordar más que nada temas de la magia y religiosidad medieval, una nostalgia hacia la Nueva España (su autor favorito, dice es Sor Juana Inés de la Cruz). Meza se atrevió a exponer estas ideas no bien aceptadas por los intelectualoides de la época, listos siempre para el cafecito y un baguette vegano después de su sesión de meditación. Pero también le entró con todo criticando muy duramente a la Iglesia Católica, a las sectas yankees, al gobierno, a la Revolución Mexicana y su partido, a la familia tradicional y a todo el que se le pusiera enfrente.

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La producción musical de Arturo Meza es muy diferente a la de los demás Rupestres, de hecho sólo bandas como Café Tacuba han logrado más o menos llegar a ese nivel de experimentación. Aunque en muchos de sus discos encontramos canciones de protesta y baladas a guitarra y armónica al estilo del rock urbano, otros están llenos de experimentaciones, pasajes o reinterpretaciones de La Biblia, textos de poetas clásicos, leyendas medievales, cantos tántricos, historias nuaguálicas al estilo Carlos Castaneda, temas instrumentales, música hecha a base de sintetizadores y cualquier cosa que se pueda microfonear.

Se pueden ver similitudes en su obra con el Dark Ambient de las producciones de Brian Eno y con bandas industriales y góticas alemanas como Einstuerzende Neubauten, Skinny Puppy. En español es fácil notar el parentesco entre el trabajo de Meza y artistas posteriores como Javier Corcobado, Anita Latigazo, Santa Sabina, Los Homosexuales del Apocalipsis, La Concepción de la Luna y Caifanes (en sus primeros dos discos).

Arturo Meza; el lado oscuro del rock mexicano

Diun tiempo fui zapatista, y hoy ni a huaraches le llego.


La irrupción del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) en 1993 impactó a todo México. Muchos de los artistas mexicanos en su momento se llegaron a pronunciar al respecto, pero lo extraño fue que los más involucrados y los que más se adhirieron a los pronunciamientos y actividades del EZLN provenían no del Rock Urbano de las periferias del DF (que aunque es conocido por ser contestatario y combativo, se apega más a las luchas proletarias de la clase obrera que a los indígenas y campesinos que Marcos afirmaba defender) sino de la escena oscura (“siniestra”, dirían en España): Rita Guerrero y Arturo Meza.

Meza se integró de lleno a las actividades del EZLN, tiempo le faltaba para asistir a todos los auditorios, explanadas y escuelas en dónde los simpatizantes del movimiento le invitaban a tocar. Muchos de sus discos y muchas de sus canciones están enfocadas al apoyo al EZLN, llegó a incluir un fragmento de la Cuarta Declaración de la Selva Lacandona en el disco “Descalzos al paraíso” de 1996. Era muy raro ver al “brujote mayor” (como le llamaba Iris Atma) el gran nagual con alma de inquisidor y vocación de fundador de órdenes medievales de caballería, pararse a hablar de lo que sucedía en Chiapas, tratar de que los que ahí estábamos nos pudiéramos tener una visión diferente sobre esos hechos.

https://www.youtube.com/watch?v=bEjAyaw8dq0

¿Su público recibió este mensaje?  Para los rupestres el tema de la lucha social no es ajeno, y para los hípsters el indigenismo es uno de sus temas de sobremesa junto con el yoga y la meditación (Meza también practica ambas disciplinas); pero el público que crecía siguiendo tanto a Meza como a Rita Guerrero: “los darketos”, no estaban precisamente preocupados por los derechos humanos en la Selva Lacandona, sin embargo muchos de ellos lo empezaron a estar, muchos se empezaron a involucrar, y aunque quizás hayan dejado de creer en el EZLN (como el mismo Meza) se han convertido el luchadores sociales o al menos en ciudadanos más consientes.  Pronto el ejemplo de Meza y Guerrero sería secundado por otros grupos y artistas, entre ellos Panteón Rococó; pero eso es parte de otra historia.

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