La familia Donald o la obsesión capitalista, un ensayo de Ludovico Silva

La familia Donald o la obsesión capitalista, un ensayo de Ludovico Silva

Ludovico Silva fue un filósofo, poeta y profesor universitario venezolano. Considerado uno de los más importantes intelectuales del Siglo XX de aquel país, y un brillante pensador marxista latinoamericanoLa familia Donald o la obsesión capitalista aborda al Pato Donald y sus verdaderas implicaciones, en este pequeño ensayo que forma parte de su libro Teoría y práctica de la ideología, publicado en 1971.

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La familia Donald o la obsesión capitalista

Son cualitativamente muy distintas las historietas según las diversas épocas de su aparición; las de la época que podría llamarse dorada (que corresponde a una época dorada de la cinematografía), es decir, las de los años 20 y 30, presentan una sociedad norteamericana en la que las figuras del “capitalista”, el “aventurero”, el “empleado público”, el “niño travieso”, etc., poseen un perfil más auténtico, un diseño caricaturesco más acusado y singular, no tan mezclado como ocurre hoy con los múltiples subterfugios y sutilezas de una sociedad que a partir de la Segunda Guerra entró al mismo tiempo en su más alta prosperidad y en su profunda descomposición histórica. Es aún la época del “magnate” o tycoon.

Por eso, el celebérrimo Pato Donald, que es una creación de posguerra, es un terreno abonado para estudiar el “hombre medio” en estado puro, o bien el “magnate” en estado puro (Rico McPato), o bien el “científico del sistema” en su estado puro (Ludwig von Pato). Hoy en día, los comics -sobre todo los nacidos entre los años 45 y 50- no ostentan estas clasificaciones de un modo claro: el magnate individualista ha pasado a ser el hombre de empresa; el científico del sistema hace de “progresista” e “independiente”, y la figura del “hombre medio” tiene sus ribetes ejecutivos de clase alta, sus gestos heroicos, sus “aventuras” y su sólida cuenta bancaria: es la época del capital monopolista.

La familia Donald o la obsesión capitalista, un ensayo de Ludovico Silva

El Pato Donald sigue siendo, en buena parte, ese típico hombre medio cuyo destino inevitable es ése: ser el justo medio de vida norteamericano, el ente humano que vive suspendido entre una novia cuasi-esposa (en los comics norteamericanos siempre ha gustado mucho el tipo de parejas que “no se tocan”, como El Fantasma y Diana, o Mandrake y Narda) que es una verdadera devoradora de mercancía, un científico “alocado” que utiliza su ciencia para fabricar toda suerte de mercancías, y un tío, Rico McPato, dueño de un imperio mercantil. Rico McPato, de ascendencia escocesa y cuyo apellido lo sitúa en sectores elitescos (a los que no pertenece el Pato Donald, cosa muy significativa), es el perfecto magnate capitalista, esa figura de la que decía Marx que no era otra cosa que el capital personificado. En efecto, su largo automóvil lleva varios símbolos de dólar, entre las que se destaca, agresivamente, el de la parte delantera; nótese, por cierto, a un personaje del que jamás se ha visto que pronuncie una palabra: el chofer del flamante auto, un auto cuyos asientos posteriores están incomunicados, mediante un vidrio, del asiento donde va el silencioso chofer. La oficina de Rico McPato lleva también el signo del dólar, en sus pisapapeles, en la mesa, en las paredes y hasta en el baño. Cuando Rico McPato se enfurece o se desmaya por haber perdido un dólar en sus negocios, los ojos, en lugar de ponérsele como dos huevos fritos, se le agrietan, y del fondo oscuro les aparece un dólar desdibujado; su mal humor característico está también determinado por el dólar, única relación que él conoce para comunicarse con los demás seres humanos, especialmente con su sobrino, el Pato Donald, al que somete y humilla diariamente, con esa tiranía singular del que cuenta con sus semejantes como “medios de producción”. Humilla y somete también al científico Ludwig von Pato, sólo que éste está tan abstraído en sus cálculos matemáticos que ni siquiera se da cuenta de que es explotado para la producción mercantil o bélica, que es lo que suele suceder con tantos científicos del tipo “Von X” (ejemplo clásico: Werner von Braun), importados de Alemania o de otras partes (incluso de Venezuela) para que se dediquen a trabajar para el sistema guardando una ética “neutral”.

La familia Donald o la obsesión capitalista, un ensayo de Ludovico Silva

En definitiva, se trata de una curiosa familia que pertenece a ese cúmulo de familias pioneras que en los Estados Unidos descubrieron hace décadas el secreto de la dominación mundial, o sea el poder alquímico de transformarlo todo en dólares. Los antepasados se dedicaban literalmente a la búsqueda de la más generalizada de las mercancías: el oro, un equivalente casi universal. Pero en el Siglo XX hallaron el verdadero secreto de Midas, y convirtieron en dólares hasta el aire respirable (el aire que se respira en cualquier oficina hoy en día es aire “marca X”, es una mercancía, es aire “acondicionado” que se ha cambiado por dinero). Ahora bien, este secreto universal de transformarlo todo en oro es un secreto a voces en los comics de todo tipo -piénsese en Henry, una cabeza pelada que no piensa sino en instalar un negocio de lo que sea- y en el caso de Donald se revela por doquier, aunque más dramáticamente en sus tres hijos o patitos, suyo juego preferido, con sus compañeros callejeros, es ver quién monta el negocio más próspero de limonada, quién es más capaz de transformar unos zapatos viejos en centavos de dólar. Debajo de todo eso late una especie de moral que Nietzsche llamaría “moralina”, a saber: todo niño debe aprender a ser un self-made-man, un hombre que se hace rico con el sudor de su frente: pero más hondamente aún, lo que subyace aquí es el hombre que se hace rico a costa de la miseria de otros, que es el signo inevitable de toda sociedad y toda relación humana basada en el tráfico de mercancías. Pues en estos comics tan cómicos una premisa fundamental es hacer toda clase de chistes a base del tráfico de mercancías, sin decir jamás de dónde y cómo salen esas mercancías. Lo que supuestamente debería ser una caricatura de una sociedad se convierte (como en el caso de Donald) en un elemento ideológico más al servicio de los intereses de esa sociedad. Sin embargo, el verdadero sentido de toda ideología reside en sus resortes inconscientes, en lo que sin quererlo transmite el ideólogo, en aquello que lo traiciona. Y, pensando en el Pato Donald, en su tío Rico, en su tío científico y en sus patitos, todos dominados por la voracidad del dólar, uno acierta ver detrás de ese empeño ideológico de ocultar las realidades (o sea, la explotación) una feroz caricatura, de ferocidad no buscada, de la sociedad más radicalmente mercantil que la Historia ha producido.

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