Simulacro y Segundo Round del 19 de septiembre

El simulacro del recuerdo


Martes 19, sep. 17, 5:30. Todavía no aclaraba la mañana. Estaba listo para ir a la escuela, mochila, tareas, útiles, todo listo. Me encontraba desayunando, y mi madre, mientras tanto, me relataba con emoción los recuerdos marcados en su mente por el desastre, la tristeza, el espanto. Aquella forma de narrar era porque el terremoto del 85 había sido algo terrorífico y sorprendente, las casas crujían, la tierra se estremecía con violencia, se gritaba, se lloraba, se suplicaba: ¡Dios Padre, protégenos! y otras frases religiosas, ya muy después los informes, la ayuda, los muertos. Me despedí de ella ya para salir rumbo al metro Pantitlán, bajarme en Boulevard Puerto Aéreo y allí tomar un camión hacia la prepa, por “todo río” Churubusco, pero antes le dije que a las 11:00, había simulacro, el del recuerdo.


11:00. La ida a la prepa, las primeras clases, los amigos, todo fue como cualquier otro día. El sol se posicionaba en lo alto e infundía calor. Los estudiantes estaban enterados del simulacro, muchos volantes pegados en los muros y salones lo informaban. Ya luego cuando sonaron las alarmas sísmicas pocos en verdad fueron los que tomaron en serio los carteles. Días antes habíamos sufrido un sismo espantoso que nos agarró en la madrugada, dormidos a algunos, como yo. Había sido doce días antes de rememorar el 19 de septiembre de 1985, de 8.2 en la escala de intensidad, horrendo en verdad, pero que no causó demasiado asombro. Muchos edificios quedaron dañados, se produjo en Chiapas, como siempre afectaban mayoritariamente los estados del sur. Muchos chicos y chicas ni siquiera recordaron eso, tener que levantarse de sus asientos, donde estaban echando novia o novio, donde comían tan a gusto, o incluso leían un libro, era un fastidio. Seguramente también tuvieron que ver muchos maestros que no los dejaron salir de clases a los estudiantes por cualquier razón. De la gran cantidad de estudiantes que están en la prepa, fueron escasos los que participaron, algunos continuaron caminando por los pasillos, hablando por el celular, mandando mensajes, yendo a la cafetería, y otros esperando la clase, etc. Total, era una simulación.


Yo estaba en uno de los puntos de reunión tras haber emitido su ruido las alarmas, el pensamiento me impuso estar allí, la “movida” a oscuras me había hecho saber que eso iba en serio, la cara de tristeza de mi madre cuando la memoria del 85 asaltó su mente, secundó mi participación en el simulacro. Fue rápido, con algunas palabras de las autoridades y se terminó, cada quien a sus clases.



Segundo round


13:40. Acababa de entrar en un salón, me tocaba historia universal, afortunadamente, creo, estaba en planta baja. El profesor no llegaba, mis compañeros y yo estábamos de pie, caminando por el salón, platicando, dejamos las mochilas en los asientos. Me encontraba cerca de la puerta con unos amigos, mirábamos hacia afuera esporádicamente para ver si llegaba el maestro y conversábamos. Luego la tierra comenzó a sacudirse de arriba y abajo, fue el primer golpe.


Fue extraña la sensación. Lo primero que pasó por mi mente fue que había llegado un circo, pues los elefantes, tan pesados, hacían saltar el suelo. Cambió casi instantáneamente mi pensamiento, pensaba ahora que se trataba de un camión pesado, de doble remolque, que pasaba por la prepa a una considerable velocidad que hacía temblar el suelo, como ocurre en algunas zonas de la ciudad donde el suelo es débil, los hundimientos son evidentes y cada uno de esos camiones, producen una buena temblorina.


Estaba totalmente equivocado. Pese a ello, fui de los primeros en reaccionar, ¡Esta temblando¡, gritamos al unísono mis amigos y yo. Entonces salí corriendo del salón, me encontraba a un pie de la puerta, por lo que no esperé nada. Mientras corría al patio central, todo parecía ir lento y escalofriante, volteé a mis alrededores y vi a la oleada de estudiantes que salían de prisa de los salones, llenaban los pasillos, unos con bata de laboratorio, con los matraces y los materiales que estaban utilizando, otros con sus mochilas.


El griterío de los estudiantes comenzó, así como el sonido de las alarmas sísmicas atendieron ya tarde, fue completamente horrible, una película de terror que estábamos viviendo todos los mexicanos en carne y hueso. El miedo y pánico nos acorralaron en el centro de la escuela, donde unos árboles se torcían como si fueran de juguete. Las autoridades del plantel pedían calma, pero era imposible, se sentía mucha tensión, el corazón en el pecho se quería salir. Mis amigos, unos siempre alegres, fue la primera vez que los vi espantados, inmóviles, abrazados. Las chicas lloraban, trémulas, no sabían qué hacer, nadie lo sabía. Los edificios, confirmé, crujían al sentir el arrastre del movimiento, parecía que estábamos en una tabla encima del mar. La tierra se movía con fuerza, como dibujando círculos imaginarios, perdías el equilibrio con facilidad, lo mejor era agacharse. Lo que era peor es que parecía interminable el sismo, por un momento nos alejamos del árbol que parecía que se iba a venir abajo, pero aguantó.




[caption id="attachment_1290" align="aligncenter" width="1280"]Simulacro y Segundo Round del 19 de septiembre - Revista COCO Los habitantes de la CDMX se volcaron a ofrecer su apoyo para rescatar personas con vida de los edificios colapsados hace un año. (AGENCIAS)[/caption]

Estábamos viviendo el terremoto de 1985 ese 2017 como a la 1:40 del martes 19 de septiembre, por si se nos olvidó, la tierra nos los recordó en 4D, con muchos efectos especiales. La escuela se volvió un caos, ya no iban a continuar las actividades, eso era claro, ¿Quién sabe cuántos daños pudo haber provocado este segundo temblor en el mes patrio?


13:50. Silencio. Parecía que había terminado el sismo. Cuando el murmullo de todos los estudiantes empezaba a escucharse, se notaba que todos pensábamos en lo peor, se escuchaban comentarios como ¡No me despedí de mi Madre!, ¡Mi casa seguro se vino abajo! entre las lágrimas y los gritos todavía de miedo. Muy aturdidos, mis compañeros preguntaron si todos estaban bien, y lo estábamos, solamente los chicos con asma estaban con respiración irregular, como si hubieran hecho mucho ejercicio, se pasaban el inhalador para controlarse y algunas chicas sollozaban a cántaros. Esperamos como cinco o diez minutos, en las canchas estaban otros alumnos, y creo que en palapas estaban otros muy asustados porque habían presenciado que el suelo se había abierto.


Luego las autoridades, con un megáfono, intentaban mantener el orden, todos, incluyéndome, queríamos llamar a nuestras casas, pero sin éxito, la señal se había caído, en ese momento eran inservibles los celulares. Se declaró suspensión de actividades, porque hicieron una revisión de los edificios, sin embargo, eran necesarios otros exámenes más minuciosos para determinar si era seguro permanecer allí. Regresamos rápidamente por nuestras pertenencias al salón y notamos que no había luz eléctrica. Algunos compañeros tenían datos móviles y nos comunicaron que el WhatsApp también no funcionaba, ni el Messenger por un rato. También nos dijeron que el informe preliminar del SSN decía que el sismo había tenido la magnitud de 7.1 en la escala Richter, el epicentro en ¿Morelos? ¿Cómo era posible eso si todos los sismos en México venían del sur, de la placa de Cocos?


14:10. Fuimos avanzando muy lentamente para llegar a la puerta de salida, todos querían salir por la pequeña abertura. Afuera el abundante tráfico era algo que no causaba asombro, los estudiantes trataban de irse a sus casas, se subían a los camiones, las combis, taxis, caminaban a su casa o iban en bicicleta. Río Churubusco era un caos, mismo estado Canal de Tezontle, donde muchos papás de los niños de Iniciación Universitaria (los bebes de secundaria) llegaron para recoger a sus hijos. Seguimos intentando comunicarnos a nuestras casas. Unos amigos y yo caminábamos por la calle hacia la plaza cercana a la prepa, ahí donde los estudiantes van al Starbucks, (a Zentralia, que está entre Río Churubusco y Apatlaco), para ver si podíamos allí llamar a nuestras casas, si había teléfono o algo así, eran ya las dos y media de la tarde muy rápidamente.


Llegamos a Zentralia y nos encontramos con la noticia de que también evacuaron a todo el personal y que la cerrarían. Nadie podía pasar, tenían que realizarse los exámenes estructurales pertinentes. Ni modo, ¿Qué más podíamos hacer? De regreso a la prepa, una amiga que venía con nosotros nos avisó que ya su celular había conseguido señal, nos prestó el mismo para llamar a nuestros hogares. Algunos lo consiguieron, yo no lo logré, seguramente se había ido la luz allá en mi casa. Sin embargo, mi padre consiguió llamarme y me dijo que todo estaba bien, que mi madre había tenido mucho pánico, pero que ya se encontraba mejor. Me dijo que regresara a casa y que no importaba que me tardara, ellos me esperaban, él estaba consciente de la situación vehicular.


En la prepa, algunos amigos se despidieron, cada quien tomaba su rumbo. El sol seguía arriba presenciando todo. La cara de espanto era colectiva. Los que vivíamos rumbo a Pantitlán, decidimos irnos juntos, nos cooperamos para un taxi. El chofer, joven y estresado, también quería comunicarse, pero no podía. El tráfico nos mantuvo parados mucho tiempo, todo el dinero que juntamos se fue. No llegamos al destino que queríamos, sin embargo, fue mejor. El taxi nos dejó en la Ciudad Deportiva, tuvimos que rodearla, caminamos por Viaducto Río de la Piedad un largo tramo, allí cada quién tomó su rumbo. Uno vivía allí cerca del metro Puebla, y no tuvo complicaciones. Yo tenía que tomar el metro, pensaba que, si éste no estaba en servicio, me podía ir a pie hasta Pantitlán, un tramo algo largo. El gusano naranja si funcionaba. La subida en esos momentos era gratuita, fue lentísimo, se le iba la luz, pero llegué a mi destino. Pantitlán a oscuras. Caminé hacia mi casa, la colonia estaba igual, sin energía eléctrica, la mayoría de las personas estaba afuera, conversando seguramente del sismo, temían que sus viviendas estuvieran dañadas gravemente.




[caption id="attachment_1287" align="aligncenter" width="4368"]Simulacro y Segundo Round del 19 de septiembre - Revista COCO Foto: Luis Arango[/caption]

16:00. Ya en casa mi familia me esperaba. Todos se encontraban ya tranquilos, algunas grietas en la casa evidenciaban el acontecimiento, cuya violencia era un tema de conversación, ¿Cómo iba a ser de 7.1 si se sintió fuertísimo? ¿Por qué sonaron las alarmas después? No había luz, la única forma de saber qué ocurría en la ciudad era por el radio, poco se decía por ese medio.


18:30. Regresó la luz. Los noticieros nos pusieron al tanto de todo. Algunos edificios se habían venido abajo en la Zona Rosa y la colonia Roma. Un poste se había caído y golpeó fuertemente a una chica, el colegio Rébsamen se derrumbó con niños y maestros dentro… En las redes sociales comenzaron a circular videos escalofriantes. El suelo de madera de las palapas de la Prepa 2 se había despedazado. Suspensión de actividades escolares en casi toda la ciudad.



Epílogo


21:30. Terminaba el día. Dormir resultaría difícil porque la inminente llegada de las réplicas nos ponía tensos a todos.


Con el simulacro, todos pensamos que iba a quedar allí, pero no. El primer round nos tomó por sorpresa en la noche, pero hubo tiempo de reaccionar gracias a las alarmas. El simulacro fue el medio tiempo, aquel donde se supone uno debe reflexionar sobre qué está fallando, qué se debe hacer, y cómo actuar posteriormente.


Pero a Dios le gusta jugar a los dados, y llegó, de súbito, el segundo round: un golpe bajo, una patada en los huevos, una caída al vacío que nos tomó por los cuernos.

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